Antes soñaba con crecer, ahora un arrepentimiento me
invade al alma. Peter Pan, fuistes mi
gran amigo de la infancia, siempre nos enfadábamos porque yo anhelaba el
momento en el que dejar atrás mis juguetes y embarcar hacia la proa de aquel
velero entusiasta. Una larga y bella travesía me albergaba…
He dejado atrás
mis juguetes y no sabes lo vacía que me siento ahora, Peter. Aquel mar azulado
que me imaginaba es sacudido por negras tormentas
de la nada que arrasan con todo. Sólo somos náufragos de este mundo, amigo mío.
El velero acaba
de comenzar su viaje y brillantes almas se han caído por la borda. Peter, no me
imaginaba que ser mayor fuera tan difícil. Me encantaría parar el reloj de
arena y darle la vuelta. Así, jugar contigo, coser las sombras rebeldes que se
escapan de sus dueños y ser esa pura
alegría que ni conoce el significado de la palabra tristeza. No
desperdiciar los momentos, no olvidar ni un sólo te quiero. Volver a tener junto a mí al alma más
brillante que deslumbró mis días.
La travesía
sigue y aún desconozco mi puerto. Hace días dejé atrás el embarcadero de La
Infancia y a lo lejos vislumbro el muelle de Los Adultos. Queda poco para
llegar allí y comenzar esa etapa que añoraba de pequeña. Peter, no sé qué
barcos me esperan allí, no me dejes sola y ayúdame a alumbrar mi camino. Coger
juntos bengalas y encender todos los farolillos que florecen. Gracias por tu
amistad infinita, te prometo que un día volveré allí, sí. Nunca Jamás espérame
porque volveré.
Una niña perdida más.